sábado, 29 de noviembre de 2008

Atras se quedo la infancia feliz...


Despues de toda la conmoción de los sucesos que anteriormente narré tuvimos que salirnos del pueblito en el que se desarrolló la mejor parte de mi niñez, la época mas felíz que yo recuerde, esa infancia en la que lo único importante era que el dia estuviera perfecto para pasarmela en la finca de mi abuelo. La recuerdo bien, la callecita empedrada adornada por cocoteros y crotos, las figuras de piedra y la vírgen del jardincito, la casa con su pila para los gansos, Jorgito, Lucita y Simón, despues llego Paquito, me gustaba verlos nadar y comer las tortillas desmenuzadas que les tirabamos. Recuerdo muy bien a mis amigos, esos niños del pueblo que fueron mis compañeros de juego y aventuras en lo que para nosotros era una selva virgen y digna de ser explorada en toda su extensión excepto dos partes que teniamos prohibidas, una por haber sido utilizada como basurero y la otra porque decia el cuidador que ahi vivia una culebra.

Dejé atras las calles empedradas por las que algunas veces y cuando me era posible solía caminar, su iglesia, no se por que razón pero me gustaba ir a la iglesia, creo que era porque cada vez descubria algo mas en las centenarias imágenes y pinturas que aun existen en ella, o sería por su arquitectura lúgubre o por aquel silencio sepulcral en el que se encuenta sumergida.

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